domingo, 8 de marzo de 2015

Los decentes...


Los decentes...

Hemos traspasado el límite de aguante. Ya basta. Rendíos de una vez por todas.
Las personas decentes no podemos seguir asumiendo tanta miseria humana. Recoged los bártulos y desapareced de nuestro presente para no romper más nuestro futuro, ya que el pasado es imposible repararlo. Colocad uno a uno todos vuestros intereses, enchufes, amiguitos del alma y demás perversidades, en un baúl muy grande, tanto, como para que quepa toda vuestra ruindad y echaos a la mar. Nadad, nadad muy adentro, no miréis para atrás. Todos juntos, en comandita, como una plaga bíblica. Alejaos de nosotros, dejadnos en paz para toda la eternidad. Buscad el perdón de vuestros pecados más allá del horizonte, donde se esconden los dioses que firman vuestra voluntad y, si no veis culpas que limpiar, entre tanta riqueza y esplendor, ojalá no tengáis una moneda para vuestro funeral.
A lo largo de estos años, lo hemos denunciado todo y se ha puesto en evidencia vuestro desmán. Pero seguís ahí. Hemos gritado con desespero e impotencia esperando con anhelo que todo fuera un sueño y cerramos los ojos cada noche con la esperanza de que, la mañana, nos traiga el fin de la pesadilla pero, al abrir los ojos, seguís ahí, agazapados, escondidos, camuflados, afilando las armas con las que masacrar a un pueblo que, harto ya de estar harto, os quiere olvidar. Sois una infección agarrada a los huesos que va quitando la vida despacio, sin pausa y sin compasión. Sois tóxicos, dañinos, esperpénticos, miserables, embusteros, hipócritas… no hay suficientes palabras inventadas para resumir lo que sois.
A los decentes nos avergüenza lo que hacéis y lo que representáis. Marchaos y olvidad el camino de vuelta. No os queremos aquí, porque una vida digna y sana es incompatible con vosotros.
La sangre de nuestros muertos, de nuestros héroes anónimos, de nuestros antepasados, nos empuja a luchar por la Justicia, al igual que hicieron ellos. No vais a poder pisotearnos de nuevo, miserables. Vuestro terrorismo y maldad, está llegando a su fin y, esta vez, será para siempre.
La vida que nos estáis diseñando, la que ya nos habéis impuesto, no es aceptable. No lo es y no lo será. La estafa monumental detrás de la cual os escondéis, no justifica el daño que nos estáis haciendo. Nada. Ni el dinero que queréis seguir robando, ni el poder, que os coloca como a simples yonquis. Sois una aberración. La parte nefasta de la sociedad y, hasta de la mismísima Humanidad. Comparable con los narcotraficantes, con los asesinos en serie, con los grupos terroristas.
Los decentes, queremos un país decente. Donde todos quepamos en Libertad, con Justicia social y en toda su diversidad. Las Leyes son del pueblo y para el pueblo, ¿quiénes creéis que sois, bastardos, para sentiros por encima de ella? ¿Cómo podéis respirar, miserables, mientras gobernáis a golpes de decreto, cambiando todo lo que no os conviene para tapar vuestras vergüenzas?
Los decentes, queremos un país decente. Donde quepan nuestros hijos, con sus ilusiones y sus sueños, con su futuro, con sus esperanzas en el porvenir y con sus necesidades elementales cubiertas. Un país, en el que los intereses generales de las personas y sus derechos, sean un lema, un objetivo, un honor, una responsabilidad.
Los decentes, queremos un país decente. En el que podamos sentirnos integrados con honradez y lealtad. Un país que progrese, que se haga grande. Un país en el que la educación sea un camino hacia el respeto mutuo y que la formación nos lleve a la excelencia.
Los decentes no queremos una rémora del pasado que chorrea sangre y muerte. No queremos herencias de dictadores, ni viejos usos y costumbres. Queremos abrir las puertas y las ventanas para que el mundo entre en nuestra sangre, de una vez por todas.
Los decentes, queremos que las momias se queden enterradas, que las personas aprendan a convivir en paz, aceptando los puntos básicos para una convivencia madura y responsable para ellos, y para los demás.
Los decentes, no queremos exclusión social, ni ídolos de barro. No queremos vivir en la mentira ni con hipocresía ni manipulaciones, no queremos ser súbditos de nadie, porque somos ciudadanos libres, con derecho a sentirnos así.
Dejadnos. Olvidadnos.
No os queremos cerca. No queremos veros, ni oleros, ni saber nada de vosotros.
Los decentes somos tan diferentes a vosotros, que somos capaces de perdonar, pero marchaos y no volved.

Queralt Berga.

Sobre las autorías:

La mayoría de las fotos que ilustran este blog las he recogido en la red y son anónimas pero, si alguien se siente vulnerado en la autoría de alguna de ellas, no tiene más que decirlo y serán suprimidas o, se hará constar el nombre de su autor.

Mi Kay, mi perrita...

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