sábado, 9 de mayo de 2009

El sol, hoy es mío. Con permiso...

El sol hoy ha nacido para mí...
Salgo sin hacer ruido. Le doy una vuelta a la llave.
Las siete horas de la mañana se han reunido en tonos grises.
Con la chaqueta puesta, abrigado el cuello con un foulard, las manos en los bolsillos y las gafas de sol escondiendo la laaaarga noche.
Furgonetas en las esquinas descargando fruta, cerrojos y candados en las tiendas, semáforos solitarios, barrenderos desperdigados y sus cepillos, calles huecas.
Arrastrando la voluntaria soledad con los zapatos blancos.
Para saborear largamente lo que palpo en el bolsillo.
Camino un rato. El aire es frío.
Los autobuses me asustan porque van vacíos.
Más abajo, una pareja besándose en verde y un hombre, con casco y moto, los adelanta cabreado.
El que besaba deja de hacerlo mosqueado...
-¡Eh! ¿Pero tú de qué vas?
Me alejo sin preocuparme. Bastante llevo ya en el pensamiento.
Sigo oyendo voces amortiguadas por los acelerones.
Tengo sueño. Las piernas me flaquean.
¡Aire! Necesito refrescar mi cabeza.
Sigo andando, despacio. No quiero tropezar. Me dan miedo las caídas.
¿Quién podría recogerme a éstas horas?
Por fin me siento en un banco de madera, junto a un parque infantil sin niños, sin juegos y sin risas.
Tiemblo de frío.
Me acurruco esperando a que el calor me llegue cruzando el edificio más alto.
Miro con impaciencia. Si no sale pronto, me tendré que mover...
Enciendo un cigarrillo. La mano me tiembla. Y el alma.
Van pasando los minutos despacio, pero respiro hondo, para recordar que los he vivido...
La gente empieza a salir de sus casas, de sus vidas escondidas. Con carros de la compra, con la comida en bolsas de dibujitos, con el móvil en la mano, con la almohada marcada aún en la mejilla. Con sonoros tacones y epidermis al viento.
Un anciano mueve los pies ayudado por las muletas y otro, luce un enorme bulto en la frente, como si de un gigantesco grano se tratara.
Sigo sentada, agradecida por el tibio sol amanecido.
Un chaval mulato se sienta en el banco de al lado. Está oyendo música, lo sé, porque también la oigo yo. Me mira extrañado. Yo enciendo otro pitillo.
Si cierro los ojos me duermo. Me dan vahídos...
Una gran rama del árbol que tengo encima, me tapa la luz que necesito así que, busco nueva ubicación para sentir el rescoldo entre nube y nube.
Han pasado casi dos horas, y una mujer me pregunta si hay una parada de bús cerca.
Le digo que sí y le explico dónde.
Los coches haciendo el tráfico.
Los peatones, pisando asfalto.
Los gorriones picoteando en los restos que, el del cepillo, no recogió hace ya un buen rato...
¿Qué hago aquí, sentada, medio dormida y con frío?
¿Por qué enciendo otro cigarro?
Esperando la energía de la tierra, tal vez sea lo que estoy haciendo...
Me quito los zapatos y quiero poner mis pies en el suelo, para que me nutra tanto como el mismo cielo iluminado, pero me dá asco, hay un escupitajo...
Dos mujeres que dicen ser de Murcia me preguntan dónde está el famoso museo de la ciudad.
- Está muy lejos de aquí- les digo.
Con sus ropas lujosas y sus peinados altos, ponen carita enfurruñada. Llevan rato andando desde que salieron de la estación de cercanías y no les gusta oír que les queda un buen rato y un montón de consultas más.
Una señora mayor se une a las explicaciones:
- ¡No! Si está ahí cerca... en cuanto suban esta calle, un poco más allá y enseguida...
Bueno, hay ciertas verdades que sólo tienen un camino. Y ésta, es una de ellas.
Cuando las dos murcianas lleguen al museo, arrastrando las maletas, las medias y el maquillaje, se acordarán de "la señora mayor" sin duda... o de su santa madre... la de la señora mayor...
¿Otro cigarrito?
¡Venga! ¡Que no se diga!
Suena la alarma del móvil. Lo llevo desconectado, pero las alarmas funciona aunque estén apagados. Son las diez. Otro cigarro y tomo las de Villadiego...
La boca me sabe a fumadero de opio, pero sólo fumo Camel.
Espero un poco más mirando al sol con las gafas puestas.
Me voy.
¿No?
Venga, va...
Se está tan bien ahora aquí...
Me pongo en pie y ando.
Despacio porque voy sonámbula.
Se habla, se ríe, las tiendas se llenan, en los bares ponen cafés, las marquesinas están llenas de gente esperando su transporte, se limpian cristales de portales, los abuelos llevan a sus nietos en las sillitas... y todo, mientras voy subiendo la cuesta, por la que las murcianas marcharon en busca del famoso museo, hace ya tiempo.
Pongo la llave en la cerradura, abro la puerta y después la cierro.
Me voy directa a la cocina a poner una taza con agua en el micro para hacerme una infusión.
Estaba rica, me ha caído bien en el estómago.
Uffffff, no quiero hablar de caídas... que llevo moretones por todos lados...
Silencio.
¿Pasa algo?
¡No pasa nada!
¡Sin problemas!
Éso, lo dice usted... que yo no me atrevo...
... dijo ella...

Queralt.

6 comentarios:

Ulysses dijo...

Que buen poema, acá se acerca el invierno y cada vez hay menos sol

Saludos

Pd. He extrañado tus comentarios en mi blog

Mayson dijo...

Me ha gustado mucho tu relato.
Te he visto sentada en el banco y como con la mirada buscabas el otro en el que la luz, y por tanto el calor, se tamizaba.


Me recuerda al invierno, cuando voy al trabajo. Con luz la perspectiva cambia.
En invierno las calles aún "no están puestas". El mini-mini coche de limpieza da vueltas a la plaza, dejando un reguerillo por cada círculo hecho.
Siempres ves a las mismas personas. Parejas de cincuentonas y sesentonas con el chandal, dispuestos a recorrer un circuito antes de entregarse a las faenas domésticas. Madres presurosas, llevando a sus hijos dormidos a casa de las abuelas, antes de ir a la fábrica.
Ancianos con perros.
Estudiantes bostezando, enseñando hasta la campanilla, arrastrando los pies.
Hoy salgo pronto, me digo, mientras acelero el paso.

Muirne dijo...

Un relato maravilloso, como todos los tuyos. Tan realista que me ha parecido hasta sentir el humo de los cigarrillos...
Salgo temprano de casa y ese paisaje que pintas tan bien es el que me encuentro a diario. Mientras bostezo hasta que me duelen los músculos faciales me pregunto cómo demonios puede la gente levantarse por gusto a esa hora infernal... Si no es por obligación, levantarme antes de las nueve (o las diez) me parece sacrílego ;)
Besitos de cerezas
Muirne

P.D.: Es posible que esté por el Messenger esta noche... por si acaso... :)

Fet dijo...

Catarsis. Supongo.

Arnau dijo...

¿Qué pasó esa noche? No, no me lo digas.

Queralt. dijo...

Queridas amigas, queridos amigos... me gusta leer que os gusta lo que escribo. El ego me engorda, jejejeje.
Y sí Fet, supongo yo también que ha sido una catársis involuntaria, pues sólo quería escribir un relato.
Arnau, haces bien en no querer saber, ¿pa'quéeeeee? jejejjeje.

Besitos a todos, de cereza.

Queralt.

Sobre las autorías:

La mayoría de las fotos que ilustran este blog las he recogido en la red y son anónimas pero, si alguien se siente vulnerado en la autoría de alguna de ellas, no tiene más que decirlo y serán suprimidas o, se hará constar el nombre de su autor.

Mi Kay, mi perrita...

Mi Kay, mi perrita...